lunes, 17 de diciembre de 2012

Jirones (Adioses como pedradas III)


Cuando dijiste adiós
llevabas una especie de hasta luego
colgado sin disimulo en la mirada.

Por eso espero.

Emprendiste retirada hacia el abismo
regando por si quisiera seguirte
los caminos con huellas descalzas
siempre dirección al sur.

Poe eso te busco,
persigo cada pista con tu nombre
por devorarte siguiendo la receta
que dibujan en tu espalda
pecas, lunares y omoplatos.

Y tú huyes,
dejando un pie en la retaguardia
mientras sueltas sin disimulo
migas de pan que los relojes
mastican a boca abierta
empeñados en hacerte efímera
y borrar del mapa aquella Roma
con todos sus caminos de regreso.

Porque ni tú te creías tus palabras
de boca pequeña
y gigantesca herida.

Por eso espero cada día,
y cada noche,
mucho más cada noche...

-Me voy-,
decías con los labios
mientras los ojos pedían a alaridos
lanzar las anclas y amarrarse fuerte
justo al estribor nuestra almohada.

-Me voy-,
jurabas firmemente
pero de tus dos tús
al menos uno quería
quedarse para siempre.

Por eso espero.

Que he aprendido costura
para romperte sin culpa los botones;
modales,
para desnudarte sin elegancia alguna;
y cocina,
pensando en el manjar prohibido
que sé que reservas
como postre.

Tú mientras disfruta, no importa,
cuélgate de otras pieles.

Ya te cansarás del sabor a chasco de las envolturas.

 Yo mientras me iré despellejando el pecho,
a jirones,
para que a tu vuelta encuentres
solo hueso
y me pidas con esos ojos que resucitan personas,
a gritos,
la carne...

Pablo García-Inés

lunes, 26 de noviembre de 2012

Suban la música

* “¿Qué error cometió mi hijo? Solo tenía 11 meses” El bebé de un fotógrafo de la BBC en Gaza muere en un ataque israelí. Ver el video.



Pues claro que tenía que escribir algo sobre Gaza.

Cómo no hacerlo.

Es sábado.

Creo que hay fiesta en Ciudad Universitaria.



Tal vez.

Tal vez tengan la música tan alta

tan fuerte

que no escuche las explosiones de Palestina.

retumbando en mi cabeza.



Si. Así es.

Cruel, como la vida misma.

Mientras esta noche las bombas destripen,

descuarticen, destruyan, asesinen,

estaré bailando

indiferente,

entre afortunados,

extrañas danzas en honor a la muerte

de otros

siempre de otros.




¿A quién le importa?

Todo, hasta la muerte, o más aún la muerte

es relativo.

Son niños,

muchos niños, bebés.

Culpables. Por supuesto.



Son árabes. Son perros.



Ellos, nuestros amigos,

los que tienen bancos y poderosos lobbys

los que nos compran armas y crean puestos de trabajo

jamas matarían humanos.



Ellos no son monstruos,

son víctimas de otros monstruos

con bigote y esvásticas,

con turbantes y barbas,

y ahora tan solo se defienden

a base de muerte

y otros eufemismos

colaterales.



Ellos, que conocen el dolor de un pueblo

jamás matarían humanos.



Omar era un terrorista.

Joven, de los que son más peligrosos.

Tenía 11 meses sí, la mejor edad

para acabar con el enemigo

de raíz.



Él se lo había buscado.

Por nacer donde las cifras

no son gente, nombres, cumpleaños, sueños, carcajadas, vidas

arrebatadas.

Son cifras.

Solo cifras.

De las que no duelen

ni atragantan la comida

en el telediario.



Su padre llora

con la cifra en brazos.

A veces duele perder una cifra

cuando fue tuya,

cuando querías oírle decir papá,

cuando está fría

desfigurada

muerta.



Es sábado, hay fiesta en Madrid.

Tal vez comente con algún amigo

con rabia

que me duele aquello de Palestina

y si el alcohol me sincera

confesaré que he llorado 10 minutos

por todas y cada una

de las cifras.



A quién le importa.

No son niños rubios de colegio bilingüe de algún país del norte

no se llaman Mike, ni Abraham, ni Michele,

ni Manuel, ni Francesca, ni Marie.



Ya está.

Ya he cumplido, ya he limpiado la sangre de mis manos.

Otro estúpido poema sobre niños muertos

sobre cifras

escrito desde el sofá.

Me voy a bailar y a emborracharme.



¿Bombas, llantos, gritos?

Suban la música

por favor.



Pablo García-Inés

Noviembre, 2012, con lágrimas en los ojos.



miércoles, 7 de noviembre de 2012

Cuando las torres caigan


Vigilas o esperas

desde lo alto


y yo mientras me alimento


del vértigo que exhalas.




Pues el día en que las torres de marfil


caigan como castillos de naipes


y la Rapunzel que ocultan tus almenas


se canse de colgar amantes


por el pescuezo en las cornisas,


será domingo por la tarde


y habrá lluvia golpeando en las ventanas


y habrá vaho sin corazones dibujados


y se habrá cansado el mundo de princesas


que desconocen lo que escuece


la resaca embadurnada de nostalgias.




Cuando caigan las torres


y el otoño se apodere de la plaza


y el vértigo se borre de tus ojos


y el horizonte sea el muro del mercado


no me llames entonces,


no me llames.




No quiero buscar entre escombros


restos de vida propia


cubiertos del polvo ajeno


de esos sueños en harapos


que una vez fueron míos.




No abras las puertas, no cubras los fosos,


no lances tus trenzas al vacío del aire.


Muéstrate a lo lejos,


indiferente,


inalcanzable.




Lánzame un guiño atado a dos piedras,


acribíllame a flechazos de los que matan,


y hasta que no aprenda a masticar espinas


no me dejes trepar con una rosa en la boca.




Que me he enfrenado a molinos de seis aspas


y he colgado a Sancho del mástil más alto


para que nadie me hablase de cordura


a los pies de tu inaccesible torre.




Ya lo sabes.


Fue para subir hasta ti


la única razón


por la que me crecieron alas.




Pablo García-Inés


Madrid Noviembre 2012

domingo, 7 de octubre de 2012

El dolor se dice callando


Homenaje a Benedetti


El maestro de maestros acababa de fallecer. Aquel simpático poeta uruguayo de bigote cómico, carácter bonachón y apellido florentino se había marchado para siempre. Dejaba como regalo al mundo el secreto de su táctica y la humildad de su estrategia, la pasión de los formales al calor del frío y las miles de primaveras con sus miles de esquinas rotas. Aquel defensor de la alegría nos enseñó a no salvarnos jamás y a querer con júbilo y alegría y viceversa. Antes de partir ofreció a los cartógrafos imperiales una magistral lección de geografía demostrando que el Sur, efectivamente, existía.


Otro maestro de maestros, otro uruguayo de pasaporte universal, lloraba la muerte de su querido y admirado amigo. A las puertas del tanatorio Eduardo Galeano era abordado por los periodistas, rodeado por las cámaras, interrogado por los micrófonos. Entonces... perdió el habla, y el reportero no entendió. Aquel mago del lenguaje, aquel maestro del verbo, aquel malabarista de la pluma, no encontraba los términos para expresar la pérdida, la ausencia, la huella. Poco a poco, despacio, de su garganta brotó un suave hilo de voz: -El dolor… se dice callando- aseveró. Enmudeció el aire. Los periodistas se retiraron sigilosos a asimilar la lección.


Y así el silencio, la ausencia de palabras, se convirtió en el mejor homenaje a aquel artesano del habla que con tanto cariño siempre las cuidó.




Pablo García-Inés

Madrid 2012

martes, 18 de septiembre de 2012

¡Qué sabrás tu de ella!


¿Qué se siente al cumplir
los sueños de otro?

Ojalá la merezcas.
Qué coño,
ojalá no.

No.
No la mereces.

¿Qué cojones sabrás tú
de perderte en sus paisajes?
Nada.

Ella rompe brújulas y mapas
con un solo soplido de ojos,
y solo yo conozco  el camino de vuelta
a base de años de cartografiar sus curvas
y lanzarme al río de lava
que nace tras del telón de sus párpados.
Justo detrás.

Los sueños de otro
estrujándolos con una mano…

¿Qué se siente?
¿Es como robar un saxofón?
¿Cómo dibujar una polla gigante
en la pared de un convento de clausura?

Yo que sé.
Los sueños de ese otro,
suelen ser los míos.

Ojalá no le llegues ni a los tobillos.
No le llegas.
Qué sabrás tú de alturas
que nunca has volado
a tres lunas de distancia
con sus polvos de hada.
Polvazos
de hada.

Que sabrás tú de ella,
que no has perdido el alma por su usencia
el norte por su olor en la almohada
ni la cabeza al ver que se aleja
de ti
y no vuelve.
Nunca vuelve.

La he llorado más de lo que tú la reirás nunca.
Te llevo cinco infartos de ventaja.

No la mereces.
Ni uno solo de sus lunares
ni sus despistes de colegiala pasota
ni esa manera de caminar
que parte el suelo y el pecho
en dos mitades
incompletas.

Dos mitades.
Me siento medio solo
o solo entero.
Conmigo.
Sin ella.

Los sueños de otro.
¿Se siente poder?


No lo tienes.
La tengo yo más en mis letras
de lo que jamás
 la tendrás tú en tus manos.

La añoro.
A mi manera claro.
La guardo en mis cajones,
en hojas sueltas.

Que sí,
que yo también mancho sábanas
recordándola,
pero más cuadernos,
muchos más.

De otro,
estás cumpliendo
los sueños de otro,
recuérdalo
(te jodes)
no son los tuyos.

                                Pablo García-Inés
                                Madrid 2012

martes, 11 de septiembre de 2012

Si vienes, y te quedas






Estás hecha de adioses.

Toda tú

eres una gigantesca despedida.




Me sabes a aeropuerto,

a andén,

a filas de embarque,

a notas en la pared

y a promesas.

Demasiadas promesas.




Uno no se acostumbra a esta relación de tres

en la que siempre estorba el equipaje.




Estás hecha de ausencias

siempre tú

decorando mis ciudades

con nostalgias.



Desapareces

cuando te siento eterna.

Vuelas

cada vez que abres

el suelo bajo mis pies.



Tú,

que has deshecho tantos hombres

como maletas.

Yo,

que muero

por hacerte el amor

de los mortales,

tú,

empeñada en ser efímera

como de un sueño

o del recuerdo borroso

de una noche etílica.




Estás hecha de ratitos

de suspiros

de vaivenes.

Siempre bajo las órdenes

estrictas

de un calendario

cada vez más y más pequeño.




Te quiero

querer

a solas

pero siempre vigila

la pervertida mirada

del enorme reloj

de un aeropuerto.




Siempre

más ganas de ti.

Siempre

la misma frase:

-dáme tan solo

una más de tus noches-.




Vienes y vas

como las olas

y me dejas empapadas las mejillas

y te llevas la arena de los relojes

por los que no corre un solo grano

hasta tu vuelta.

Si vuelves.




Y tus adioses vuelven a ser como pedradas,

y los bancos repletos de parejas

que no visten nuestros nombres.

Y sigo haciendo de los bares un altar a tu recuerdo

rellenando con resacas tus vacíos.

Y ni rastro de ti por esa Roma

a la que me llevaron con embustes

todos los caminos del mapa.




Y ahora sí hasta aceptaría

un te añoro por el chat del caralibro

un me gusta en mi perfil izquierdo

o una tímida sonrisa por skype.




Cualquier cosa

que me sepa

levemente

a ti.




¿Y si vuelves?




Estás hecha de adioses.

Toda tú.

Si vuelves y dices hola

sin pasaje de vuelta

sin reloj, ni aeropuertos, ni nostalgias.

Si llegas

y te quedas…

…estás hecha de adioses…

si te quedas

no serías tú,

y puede

que entonces yo

tuviera que marcharme.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Despiértame

Despiértame

cada mañana.



Aparécete como primera imagen.

Cobíjate como inicial recuerdo.


Muéstrate tras el telón parpádico.

Vuélvete cotidiano génesis.


Despiértame.
Conviértete en el pan de cada día.

Pablo García-Inés
Madrid 2012

martes, 7 de agosto de 2012

¿Y si era yo, el que la utilizaba a ella?


Me acojona que me quieras.


Que un buen día pierdas la cabeza y pienses

que ya ha sido suficiente mi suplicio,

y decidas entregarte toda tú,

y regalarme poco a poco los secretos

que guardas (cada verano menos)

bajo los pliegues de tu falda.



Que me llames una tarde calurosa,

de esas en las que te tengo

tanto odio y tantas ganas

y me cites en mi bar preferido

a emborracharnos

como cuando los poetas se emborrachan.

Tiemblo

tan solo de pensarlo.



Pues yo ya no se querer

con simetría.

Tendría que odiarte.



Como te explico…

Es algo así como el antónimo

del miedo al rechazo.



Pavor a que respondas sí,

a la pregunta que jamás he formulado.



No tenerte duele menos,

infinitamente menos,

que el miedo de perderte si fueras

levemente, mía.



La última vez que me sentí media naranja.

me exprimieron

hasta la última gota.



Vacío de mí

ya no se amar a quien me ama.

Olvídalo.
No me quedan más mejillas que ofrecerte.



Gracias a tu ausencia escribo.

Por fin escribo.



Te utilicé a ti que tenías pinta de dolerme entero.

Y a esos ojos tan acostumbrados

a ser clavo en corazón ajeno.



Y de ese corte en el ventrílocuo izquierdo

que me diste con precisión cirujana

empezaron a brotar los versos.



Te utilice a tí, que lo eras todo.

Todo.

Espero nunca sepas perdonarme.

Nunca.



Te quiero porque me dueles.

Recuérdalo

Ya no sabría querer de otra manera.


Pablo García-Inés
Barcelona Agosto 2012