miércoles, 29 de febrero de 2012
lunes, 10 de octubre de 2011
Le había pedido al azar que te trajera
Yo sabía que vendrías del sur,
de algún país de esos con mas palmeras que prisa.
Te esperaba tal y como eres,
por eso tu voz,
aun con acento lejano,
me resultó tan familiar.
Sabía que compartiríamos camino,
por eso siempre anduve
bien pegadito a la orilla
reservando espacio
para tus huellas.
Sabía que vendrías de tierras revolucionarias,
de pueblitos de guerrillas y claveles
con ritmos latinos y sangre guevaresca.
Te pensaba hija del camino,
de mezclas , y huidas, y nostalgias,
con el hogar construido en las personas.
Te imaginé riendo a carcajadas,
bailándome el agua y el merengue,
con la luna tatuada en la mirada.
Ya me esperaba los vinos, los lagos, los poemas,
las risas, la magia, las ausencias.
Sabía que vendrías y dirías hola como si nada,
trayendo bajo el brazo el sur
y en la piel grabado el sol de tus ancestros.
Te imaginé con todas mis fuerzas
apretando los puños y mordiéndome los labios.
Había pedido al azar que te trajera
y el azar, si le hablas con cariño
siempre escucha a quien le ruega.
Por eso no me sorprendió tu magia,
ni el abismo circular de tu mirada,
ni el pacífico rugiendo en tus caderas
arrastrándome en oleadas a la playa.
Te esperaba, una tarde cualquiera,
impaciente por mirar el mar
desde la misma ventana.
Pablo García-Inés
Ecuador. Septiembre 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
¿El hombre o el poeta?
¿Quién existe, quién gobierna
el hombre o el poeta?
¿Quién decide de los dos?
El hombre no es capaz de crear del alma.
El poeta, se alimenta de ellas.
El hombre, sentado frente a la mesa de madera.
La vela, la llama
bailando el silencio sepulcral.
La mira a ella, la siente.
La ve tan lejos,
estando tan cerca.
El hombre quisiera compartir el fuego.
Tal vez el humo atenuando la luz.
Se mira en el espejo del cuaderno,
buscando al poeta.
Quiere escribir. Escribirle a ella.
El hombre llamando al escritor.
El hombre, cansado de ser hombre.
Y el poeta haciéndose de rogar.
No vendrá esta noche. Tal vez sí.
No es el hombre el que manda.
El hombre obedece. Suplica.
Que acuda el poeta.
¡Que sea él quien dé la cara!
Que aproveche.
¡Escribe poeta escribe!
Ponle arte a los miedos,
Evacúa
el alma del cuerpo.
Se quema.
¡Escribe poeta escribe!
Sufre bonito y en metáfora.
Olvida al hombre,
Hace tiempo que mueves la pluma.
Le mataste.
Hombre o poeta.
Solo poeta.
Vuelas.
Abajo queda el cuerpo del hombre.
Cerca de ella.
Demasiado lejos.
El hombre queda solo.
El poeta aprovecha
Se adueña del tiempo
Le mueve la mano.
El puño se para.
Punto.
El hombre vuelve.
La mira a ella.
La desea.
Quisiera compartir el fuego.
Se quema.
Le duele el pecho.
Cada latido.
Se arrodilla.
Coge el cuaderno
Quisiera dibujarla
meciéndose junto al fuego.
Dibujarla en letras.
El hombre se va.
Se aleja.
Vuelve el poeta.
Baila la pluma cuando el hombre no baila.
El hombre añora.
El poeta canta.
Duerme tan cerca y la ve tan lejos…
¡Te siento tan lejos cuando estás tan cerca!
Me dueles.
Me curas.
Me sé de memoria tu mirada.
Memoricé cada parpadeo.
Te escribo.
¡Para ti mis letras!
El hombre se siente traicionado.
El poeta agradece.
Nace de tu ausencia.
Se lo debe todo.
¡Abraza al hombre!
¡Al poeta le sobran los halagos!
Pero el hombre se muere.
Solo.
Al hombre los versos le importan un carajo.
Quiere abrazarla
La ve tan cerca
Pero está tan lejos…
El fuego la lame.
La guarda en su memoria
Las llamas conocen las historias de los viejos
Ahora tratan de memorizarla a ella.
Llamaradas de sol y sombra dibujándola.
Y el poeta vuelve.
Y la mano fluye.
Para él ha sido suficiente con mirarla
Se crece.
Tus ojos tus labios tus latidos.
Tus cosquillas en la pluma y en el alma.
¡Para ti mis versos!
¡Para ti mis letras!
Se mueve, se gira.
Dibuja la media luna del cielo
de lado a lado de la hamaca.
El hombre la mira.
La arropa.
Le da la espalda.
El poeta habla
nunca habla,
susurra.
El hombre grita
Se enfurece
Se calma
La noche crece
El hombre se tiende sobre la cama de palma.
El hombre duerme.
Solo.
El poeta se muda de hemisferio.
Seguirá despierto cuando el hombre caiga.
Mientras el hombre sueñe el poeta aguanta.
Mañana, a la luz del fuego,
(En algún lugar de la selva ecuatoriana,
junto al fuego, cerca de ella, demasiado lejos...)
Pablo García-Inés
junto al fuego, cerca de ella, demasiado lejos...)
Pablo García-Inés
Septiembre 2011
domingo, 28 de agosto de 2011
Por hacerte eterna nacieron mis manos
Una especie de pellizco
en algún recoveco del alma...
Nostalgia...lo define el diccionario...
Nostalgia...lo define el diccionario...
como queriendo llenar los huecos de palabras,
coloreando de silencios los recuerdos
porque joder,
el blanco y negro me mata.
Me sabe a ayer
a pretérito siempre imperfecto
y agrisado.
Y yo te había dibujado
con el cariño del artista a su paisaje
con rojos y verdes y amarillos y naranjas...
a mi lado.
¿Y cómo ahora te borro de mis lienzos mentales?
¿Cómo olvido tus colores y tus trazos?
Ya te tengo tatuada en mis pupilas,
ya he grabado tu compás en mis latidos,
reloj timonel de mis rutinas.
Probé a quemar las hojas
donde mis letras
te habían dibujado:
Rodeada de palmeras, y silencios,
y baules con tesoros
de viejos libros con olor abuharillado.
Y vientos del sur, y hogueras
y tambores lejanos
Y rojos, y verdes, y naranjas, y azules,
y tú en el centro el paraíso,
el resto,
el paisaje adornando.
Ardan el sol y las sangres
y vuele yo con mi pluma libre,
de hoja en hoja,
dibujándote en palabras.
Tallándote letra a letra
hasta dejar pulida
la piel del alma.
Pues para hacerte eterna
nacieron mis manos,
por robarle al tiempo
el privilegio efímero
de tu magia
y guardarla al cobijo
de una estrofa madriguera.
Y cuando vean mis versos
retorcerse
y adivinen en ellos,
su figura.
Cuando yo hable del mar
y ustedes sientan
el oleaje de sus caderas
Y escuchen una carcajada suya
entre dos sílabas cualquiera,
y yo grite a algún dios
gratitud de por vida
y ustedes entiendan
que el milagro es ella.
Cuando diga nostalgia
y ustedes añoren
aquel lunar de su mejilla izquierda.
Cuando lean
y la vean y la sientan y la escuchen
con sus verdes, sus naranjas y sus rojos
no me busquen entonces,
no me busquen.
Habré partido
sin pluma ni cuaderno ni palabras
al lugar donde saltan al mar los poetas
una vez pulida
su obra maestra.
Guayaquil. Ecuador Junio 2011
Pablo García-Inés
domingo, 3 de julio de 2011
La patria, más que el camino, son los caminantes
¿En cuántos trozos se puede repartir el alma
sin partirse?
¿Cuánto de mí
os llevasteis cada uno?
¿Cuántos trozos
de vosotros soy?
Este yo
construido en tantos tús
se alimenta de nostalgias
no de olvidos.
Y nostalgia es todo aquello
y todo aquel
que dejó huella
al compartir camino.
Pablo García-Inés
Etiquetas:
Poesía
Ubicación:
Guayas, Ecuador
miércoles, 4 de mayo de 2011
Los invisibles
Eran molestos para los poderosos. Pobres y también baratos. Indios, que ni para cargar servían.
Para no molestar hablaron bajito. Susurrando durante 500 años. Algunos quisieron levantar la voz. Mas el poder cortó sus lenguas. Pero poco a poco surgieron más voces, y los susurros se unieron, y se hicieron canciones, y de canciones nacieron gritos de libertad.
Ahora un solo grito unísono emerge de las gargantas aymaras del Potosí, de las mayas del Petén, de las mapuches de Araucánia.
El eco del grito de los mudos tambaleó los cimientos de la gran casa blanca del Norte.
Como pólvora, como ejércitos de hormigas o fueguitos. Paso a paso. Grito a grito.
Aquí. Ahorita nomás. Codo con codo. Se unieron los sueños. Las manos vacías mejor se agarran. Se aprietan más fuerte. Celebrando el grito. Celebrando el silencio. Festín de soñadores.
Al silenciarles les dieron la voz, al doblegarles les irguieron firmes como robles, y al hacerles invisibles…les hicieron invencibles.
Ahora un solo grito unísono emerge de las gargantas aymaras del Potosí, de las mayas del Petén, de las mapuches de Araucánia.
El eco del grito de los mudos tambaleó los cimientos de la gran casa blanca del Norte.
Como pólvora, como ejércitos de hormigas o fueguitos. Paso a paso. Grito a grito.
Aquí. Ahorita nomás. Codo con codo. Se unieron los sueños. Las manos vacías mejor se agarran. Se aprietan más fuerte. Celebrando el grito. Celebrando el silencio. Festín de soñadores.
Al silenciarles les dieron la voz, al doblegarles les irguieron firmes como robles, y al hacerles invisibles…les hicieron invencibles.
El Petén, Guatemala (2007)
Pablo García-Inés
domingo, 24 de abril de 2011
El odio
El odio lo guardo para los dictadores salvapatrias, para los asesinos de sueños, para los banqueros usureros, para los besabanderas. El odio para los torturadores con salario y vacaciones, para la CIA en mi América latina, para los creadores de exiliados, para los fabricantes de armas y fronteras. El odio para los reyes con palacios a mi cuenta, para las sotanas dictadoras de conciencias ajenas, para los siervos orgullosos de sus amos. El odio para el imperio, para los carceleros, para los vendecausas, para los comprotodo, para los traficantes de vidas. El odio para el sistema, la máquina, los quemalibros, el libre mercado. El odio para aquel presidente con casa blanca y sombrero tejano.
Para ti en cambio, princesa, la eterna indiferencia. Porque odiar es sentir…y no te siento ni a ti, ni a tu ausencia, ni a tu recuerdo áspero e incómodo en la memoria del alma.
PABLO GARCÍA-INÉS
martes, 22 de marzo de 2011
Frío
El frío hace
que me sienta vivo.
Vivo,
no de latir y respirar sin más,
no por inercia minutada,
sino vivo
en el más orgásmico
y sincero
sentido de la palabra.
La piel erizada me recuerda
que algo siento,
aunque solo sea
frío.
Tal vez es el alma,
jugando a salirse por los poros.
O recuerdos despistados
huyendo tiritando
del cuerpo que los crea.
Pero que placer mas inmenso
el de hacerse una bola
y disfrutar temblando
del bofetón de cosquillas del viento.
Que placer
a veces
sentir que el frio
calma el arañazo
de tu calor lejano.
Sentir que la llama se apaga..
...y deja de quemar.
que me sienta vivo.
Vivo,
no de latir y respirar sin más,
no por inercia minutada,
sino vivo
en el más orgásmico
y sincero
sentido de la palabra.
La piel erizada me recuerda
que algo siento,
aunque solo sea
frío.
Tal vez es el alma,
jugando a salirse por los poros.
O recuerdos despistados
huyendo tiritando
del cuerpo que los crea.
Pero que placer mas inmenso
el de hacerse una bola
y disfrutar temblando
del bofetón de cosquillas del viento.
Que placer
a veces
sentir que el frio
calma el arañazo
de tu calor lejano.
Sentir que la llama se apaga..
...y deja de quemar.
PABLO GARCÍA-INÉS
miércoles, 16 de marzo de 2011
Un espejo, una peonza, un calendario.
Y mientras el mundo arde
niños imberbes
comen helados de palo.
Y muertos de risa
juegan a esquivar el sol
en cementerios de payasos.
Observo.
Recuerdo mis prólogos
de una vida sin índices
ni portadas.
Y escribo el recuerdo,
la venganza de la niñez enterrada.
No hubo niños con flores
en el funeral de la eterna inocencia.
Ni finales felices.
Tan sólo un yo que querría ser nadie.
Un tú tratándome de usted.
Un señor enterrando una peonza
en un baúl sin fondo
y con llave.
Volar para que las raíces
no lleguen a las cloacas.
Escribir por el miedo a un folio en blanco.
Y escuchar…escucho.
Escucho y me seduce el silencio
de los parques abandonados.
Y continúo buscando el mejor escondite,
y el puesto de helados.
Pero mi mundo arde,
y se derriten los helados de fresa,
y en mi escondite se ocultan
los adultos exiliados.
Y corro.
No hay casa, ni cruci, ni polis, ni cacos... pero corro.
Huyo del niño al que ahorca mi corbata.
Del señor que viste mi esqueleto.
Del cigarro que mató mi infancia.
Corro, corro, y corro,
pero el calendario me alcanza y me tortura
tachando con cruces negras
las puestas de sol.
Y al mundo le salen granos, y canas, y barba.
Y los príncipes roban a los piratas.
Y los cuentos acaban sin perdices.
Y los helados se derriten
al calor de la inocencia quemada.
Un amargo sabor a cianuro
al masticar segundos
nos recuerda que el tiempo
está hecho de veneno.
Y las estacas
que ahora son espadas de juguete
pronto serán bastones cumpliendo
la función del tercer pie hacia la muerte.
¡Niños perdidos! ¡Niños perdidos!
¡Corred cuanto os permitan las piernas!
Relojes con machetes buscan rastros de inocencia.
¡Niños perdidos! ¡Niños perdidos!
¡Peter Pan ha muerto!
Los relojes son brújulas al cementerio...
niños imberbes
comen helados de palo.
Y muertos de risa
juegan a esquivar el sol
en cementerios de payasos.
Observo.
Recuerdo mis prólogos
de una vida sin índices
ni portadas.
Y escribo el recuerdo,
la venganza de la niñez enterrada.
No hubo niños con flores
en el funeral de la eterna inocencia.
Ni finales felices.
Tan sólo un yo que querría ser nadie.
Un tú tratándome de usted.
Un señor enterrando una peonza
en un baúl sin fondo
y con llave.
Volar para que las raíces
no lleguen a las cloacas.
Escribir por el miedo a un folio en blanco.
Y escuchar…escucho.
Escucho y me seduce el silencio
de los parques abandonados.
Y continúo buscando el mejor escondite,
y el puesto de helados.
Pero mi mundo arde,
y se derriten los helados de fresa,
y en mi escondite se ocultan
los adultos exiliados.
Y corro.
No hay casa, ni cruci, ni polis, ni cacos... pero corro.
Huyo del niño al que ahorca mi corbata.
Del señor que viste mi esqueleto.
Del cigarro que mató mi infancia.
Corro, corro, y corro,
pero el calendario me alcanza y me tortura
tachando con cruces negras
las puestas de sol.
Y al mundo le salen granos, y canas, y barba.
Y los príncipes roban a los piratas.
Y los cuentos acaban sin perdices.
Y los helados se derriten
al calor de la inocencia quemada.
Un amargo sabor a cianuro
al masticar segundos
nos recuerda que el tiempo
está hecho de veneno.
Y las estacas
que ahora son espadas de juguete
pronto serán bastones cumpliendo
la función del tercer pie hacia la muerte.
¡Niños perdidos! ¡Niños perdidos!
¡Corred cuanto os permitan las piernas!
Relojes con machetes buscan rastros de inocencia.
¡Niños perdidos! ¡Niños perdidos!
¡Peter Pan ha muerto!
Los relojes son brújulas al cementerio...
Pablo García-Inés
Alpedrete 2003
Zapatistas, la celebración de la derrota
Alrededor de 400 encapuchados, niños mujeres y niños crean en la selva de Chiapas una imagen mística.
La Realidad, principal campamento zapatista, se prepara para recibir al subcomandante Marcos. Una voz en Tzeltal retumba en los altavoces e intuimos que anuncia su llegada. Sus pasos parecen retumbar a lo largo del valle, al tiempo que desciende acompañado por un séquito de zapatistas a los que saca casi una cabeza y dos cuerpos.
En el escenario habla sobre la dignidad de los pueblos, sobre la hermandad indígena, sobre la justicia, la paz, la lucha, la sanidad y la educación. Creo no ser el único con la piel de gallina. Nadie habla, nadie pestañea, alguno de olvida de respirar. El aire se carga de poesía y utopías. La revolución del fuego y la palabra. Los hijos del maíz. Los por siempre derrotados.
Finalizado el discurso empieza la fiesta. Invitan a cualquiera a subir al escenario. Hay poesía, teatro, canciones. Después un grupo de música, encapuchado entero también, comienza a tocar músicas tradicionales. 400 sombras bailan en la oscuridad de la selva. Nosotros intentamos comprender. Para mi será una bonita aventura de verano. Para ellos la lucha y las derrotas continuaran eternamente. Entretanto, la poesía y el baile se mezclaban con la magia y la utopía hasta bien entrada la noche.
Días antes, el ejército desalojó a zapatistas que habían ocupado para cultivar tierras en desuso en una región cercana a Las Margaritas. Hubo detenidos, heridos y desaparecidos. Con estacas de maderas se enfrentaron a las tanquetas. Lo perdieron todo. Terroristas, les llamaron los medios y el estado mexicano. Curiosa definición pensé yo, para una guerrilla de campesinos sin armas, que celebra cada derrota con poesías y bailes hasta el amanecer…
Selva de chiapas. México 2007
Caracol La Realidad. Territorio zapatista liberado
PABLO GARCÍA-INÉS
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